El martes 29 de septiembre, el Minnesota Truth Council celebró la cuarta y última de sus reuniones públicas en el Mayo Civic Center de Rochester, bajo el tema “Una mirada a las políticas y sistemas que contribuyen al daño”. Annika Gifford, nuestra directora de Estrategia y Programas, testificó en representación de Esperanza United y de las personas sobrevivientes a quienes acompañamos cada día.
El consejo está construyendo un registro público de lo que vivieron las y los habitantes de Minnesota durante la Operación Metro Surge el invierno pasado. Antes de la reunión, nuestro equipo se reunió con Robin Phillips, asesora principal del consejo, para compartir las experiencias de las personas participantes y de nuestro personal aquí en las Twin Cities, así como el impacto que estas situaciones están teniendo en comunidades de todo el país. El testimonio de Annika se basa en nuestro Informe de Impacto sobre la Operación Metro Surge y en las voces de tantas personas que no pudieron estar presentes.
Puedes ver el testimonio completo en YouTube. Estos son algunos de los momentos que más nos marcaron.
La violencia de género no es poco común
Annika comenzó ayudando al consejo a comprender la realidad que viven nuestras comunidades.
“Durante casi 45 años, hemos tenido el privilegio de trabajar junto a miles de personas sobrevivientes de violencia doméstica, agresión sexual, violencia en el noviazgo, acoso y trata de personas aquí en las Twin Cities. Lamentablemente, la violencia de género no es poco común.”
Explicó que, según Violence Free Minnesota, la coalición estatal contra la violencia doméstica, al menos 24 personas murieron en Minnesota en 2024 a causa de la violencia de pareja. Para las personas inmigrantes sobrevivientes, explicó, el estatus migratorio suele convertirse en una herramienta más de abuso: “Llama a la policía y te deportarán. Perderás a tus hijos. Perderás tu seguro médico. Perderás tu estabilidad económica”.
“En nuestro trabajo, hay una lección que está por encima de todas las demás: la seguridad depende de la confianza”, dijo Annika. “El camino de una persona sobreviviente para salir de la violencia pasa por distintos sistemas: una llamada al 911, una línea de ayuda, un tribunal, una clínica. Cuando el miedo, real o percibido, impide acceder a esos sistemas, las personas sobrevivientes no están más seguras. Las familias no están más seguras. Las comunidades no están más seguras.”
Eso es precisamente lo que nuestro equipo vio suceder el invierno pasado.
“Cuando llegaron agentes de ICE y de la Patrulla Fronteriza, las personas sobrevivientes dejaron de salir de sus hogares. Una de las mujeres a las que servimos no sacó la basura durante semanas por miedo a ICE.”
El miedo comenzó a crecer incluso antes de que el operativo llegara a Minnesota. En noviembre de 2025, las llamadas a nuestra línea bilingüe de crisis disminuyeron un 25 %. “No había menos víctimas”, explicó Annika. “Había más miedo de que acudir a cualquier sistema en busca de ayuda pudiera resultar en acciones de las autoridades migratorias.”
Las personas sobrevivientes comenzaron a evitar hospitales, tribunales y lugares de culto, precisamente los espacios donde deberían poder encontrar ayuda. Algunas familias dejaron de enviar a sus hijos e hijas a la escuela, aunque para muchos de ellos las comidas escolares eran la fuente de alimentación más confiable que tenían. Y aunque los departamentos de policía de Minneapolis y Saint Paul no colaboraban con ICE, muchas personas sobrevivientes no podían distinguir entre un oficial local y un agente federal. Como resultado, no llamaban al 911, incluso durante los episodios más graves de violencia.
Annika explicó que el impacto fue mucho más allá del miedo. Una sobreviviente que mantenía a su familia trabajando como conductora para una aplicación de transporte dejó de manejar por temor a ser blanco de las autoridades, y perdió sus ingresos. Al mismo tiempo que disminuían sus ingresos, algunas familias tuvieron que pagar fianzas migratorias para liberar a seres queridos que habían sido detenidos.
Para algunas familias, el daño es permanente. Una familia a la que servimos, con un caso de asilo activo, recibió de su abogado la noticia de que era poco probable que su caso tuviera éxito. Ante los gastos legales y la pérdida de horas de trabajo, decidieron salir voluntariamente del país.
“Solo pidieron poder terminar primero el año escolar porque ambos padres trabajaban en escuelas.”
“Una de las mayores fortalezas de Esperanza United es nuestro personal, que vive, trabaja y forma parte de las mismas comunidades a las que servimos”, compartió Annika. “Nuestro increíble equipo continuó brindando servicios y apoyo de alta calidad sin interrupciones, aun cuando sus integrantes también sentían miedo y eran objeto de estas acciones.”
Nuestro personal coordinó entregas semanales de alimentos para las familias que permanecían resguardadas en sus hogares y, cuando era seguro hacerlo, se comunicaba con las personas participantes para asegurarse de que nadie se sintiera solo. También ampliamos nuestra asistencia económica de emergencia mucho más allá de los niveles habituales para que las personas sobrevivientes y sus familias no tuvieran que preocuparse por perder sus hogares, pasar hambre o quedarse sin servicios básicos.
Lo que ayudaría a las familias a sanar
Aunque la presencia visible de agentes federales en las Twin Cities ha disminuido, Annika recordó al consejo que sus efectos siguen siendo muy reales. Las personas sobrevivientes ahora enfrentan nuevos requisitos de documentación para conseguir empleo o abrir una cuenta bancaria, y “una matrícula vehicular vencida o una tarjeta de seguro que ya no está vigente puede sentirse como algo capaz de hacer que una familia lo pierda todo”.
Annika compartió seis medidas que podrían ayudar a estabilizar a las familias y reconstruir la confianza:
Identificación y rendición de cuentas: Los agentes federales que trabajan en nuestras comunidades deben ser claramente identificables, no cubrirse el rostro y utilizar cámaras corporales.
Protección de lugares sensibles: Las personas sobrevivientes deben poder acudir a un hospital, tribunal, escuela, lugar de culto o refugio para víctimas de violencia doméstica sin sentir miedo.
Reconstruir la confianza con las autoridades locales: Brindar educación pública en los idiomas que hablan nuestras comunidades, explicando claramente qué harán y qué no harán las autoridades policiales locales en relación con las autoridades migratorias.
Estabilidad económica y de vivienda: Implementar protecciones contra desalojos y ampliar la asistencia para el pago de alquiler y servicios básicos.
Apoyo para familiares y personas cercanas que asumen el cuidado: Brindar apoyo a abuelos y abuelas, tíos y tías, y amistades de la familia que ahora están criando a niños y niñas cuyos padres fueron detenidos o deportados.
Inversión sostenida: Garantizar financiamiento continuo, y no únicamente fondos por una sola vez, para servicios comunitarios y culturalmente específicos dirigidos a personas sobrevivientes.
Donde comenzamos y donde terminamos
Annika cerró su testimonio regresando al punto donde había comenzado: la confianza.
“Para una persona sobreviviente, la seguridad no significa simplemente la ausencia de violencia. Significa poder pedir ayuda y saber que alguien responderá sin ponerla a ella ni a su familia en riesgo.”
El invierno pasado, muchas personas en Minnesota perdieron esa sensación de seguridad. Pero, como Annika recordó al consejo, las y los habitantes de Minnesota también mostraron al mundo lo que significa vivir de acuerdo con nuestros valores y actuar con valentía y solidaridad.
Nuestro trabajo continúa junto a nuestras comunidades para garantizar que todas las personas sobrevivientes de violencia de género puedan vivir con seguridad y bienestar.
Estamos profundamente agradecidas con Annika por llevar tantas voces a este registro público y con todas las personas que compartieron sus experiencias para contribuir a nuestro Informe de Impacto.
Mira el testimonio completo.
